domingo, 19 de diciembre de 2010

INSTRUCCIONES PARA ABRIR UN HUEVO


Lo primero antes de todo es saber diferenciar un huevo entre otras cosa. Un huevo es  un objeto con un cuerpo redondeado, de tamaño y dureza variables, que producen las hembras de las aves o de otras especies animales, y que contiene el germen del embrión, en este caso vamos a utilizar un huevo de gallina, ya que es más fácil de encontrar en cualquier establecimiento, pero si lo prefieren pueden utilizar otro cualquiera, ya que su posterior apertura para su alimentación es igual en todos los casos. Con todo lo dicho, ahora ya podemos proceder  a abrir el  huevo, pero para ello hay que tener. Para comprobarlo dirígete a la cocina y abre el frigorífico debidamente refrigerado y mira en su interior. Busca detenidamente el huevo, por si no tienes muy claro recuerda la descripción hecha antes de este. Cuando ya hayas mirado, si no has encontrado ese objeto ovalado que llamamos huevo, produce a bajar a una tienda de alimentación o al sitio más cercano a tu casa donde vendan huevos.
Cuando ya tengas los huevos en tu casa, déjalos cuidadosamente en un lugar horizontal y de forma uniforme para que no corran el peligro de caerse y pringarte toda la cocina.
Cuando ya los hayas colocado en la cocina, abre el envase, y saca un huevo cuidadosamente. Colócalo en tu mano pero sin ejercer mucha presión para que este no se fracture.
Ahora es el momento de abrir el huevo. Puedes hacerlo de varias maneras. Pero antes de todo, saca un recipiente para echarlo.
Por un lado, puedes coger el huevo cuidadosamente entre todos tus dedos, con una presión lo bastante fuerte para que no se te caiga, pero no lo suficiente para que se te rompa. Ahora ya puedes propinarle un ligero golpe contra el borde de la mesa. Con ese pequeño golpe abras hecho una pequeña fractura que corriendo sin que se te vierta con la ayuda de las dos manos procede a abrirlo. El dedo gordo de tu mano derecha se introduce ligeramente en ese lado de la fractura y el otro dedo gordo de tu mano izquierda en el lado izquierdo de la fractura, abriendo así el huevo y quedándote en cada mano un trozo de cascara.
Otra manera de hacerlo, es coger un tenedor. Podrás encontrarlo en un cajón, donde usualmente guardes los cubiertos. El tenedor es un utensilio semejante a un tridente, que sirve para pinchar. Cuando ya hayas cogido el tenedor con la mano, procedes a coger el huevo con la otra mano que te sobre. Ahora con el borde del extremo que sirve para pinchar, le das un golpe seco al huevo en el medio y así procedes a abrirlo de la misma manera que antes hemos mencionado para el golpe contra el borde de la mesa.
Y otra manera de abrir un huevo, es coger el huevo con cuidado con una mano. Agarrarlo con fuerza pero sin llevar a romperlo. En esos momentos alzas la mano a una altura superior a la tuya, y dejas caer el huevo al suelo. Y de esta manera el huevo se ha abierto.
Por ultimo tenemos una forma diferente de abrir un huevo, cuando este es un tanto especial:



¿¿DICTADO??


La actividad del dictado de los dibujos ha sido una forma de mostrarnos que la comunicación no siempre es efectiva, y que esta influye de una manera u otra la situación en la que nos encontremos. Ya que, aunque la lengua sea la misma, el lenguaje, que es la capacidad del ser humano para comunicarse con otros seres humanos, hay veces que no es correcto. Lo que provoca que el mensaje entre el emisor y el receptor muchas veces no llegue de una manera adecuada y este se pueda mal interpretar, ya que para que se lleve a cabo tiene que tener un mismo código y el mismo canal. Para que esta comunicación sea buena, tiene que haber un interés  mutuo entre el emisor, quien deberá transmitir con una eficacia mayor, para que así, el receptor pueda entenderlo de la mejor manera posible. Además debe de existir coherencia entre todo lo que se dice, debido que es esta la que nos permite averiguar que nos quiere decir, debe existir también cohesión.

En este caso, la lengua y el lenguaje, además de la situación, estaban bien definidos, pero lo que pasaba era que, el mensaje transmitido por nuestros compañeros, no nos llegaba de una manera adecuada  para que nosotros lo pudiésemos interpretar debidamente. Debido a que el referente fue uno de los graves problemas del ejercicio, es decir, la idea que ellos querían transmitirnos no estaba bien expresada.

Este ejercicio nos ayudó así a entender que no siempre cuando  los demás nos entienden, ya que la idea que nosotros queremos transmitir muchas veces no está bien expresada.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El silbido del aviso...

Filomeno y Martina eran hermanos. Se habían quedado huérfanos hacía muchos años, y desde entonces vivían solos en la selva, habitando el rancho que fue de sus padres.  Filomeno era el menor. Alto, fornido y muy trabajador, poseía un corazón tierno, cuyo cariño se volcaba en su hermana, a quien quería como a una madre.  Pero Martina no sentía ese afecto hacia él. Por el contrario, siempre se mostraba agresiva con el buen hermano, discutía con él, lo maltrataba, vamos, no le dejaba vivir tranquilo.
  A pesar de ello, Filomeno seguía profesando un profundo cariño a esta hermana cruel.
  Tanto la quería, que al ver los jugosos frutos maduros que había por la selva, sólo tenía un pensamiento: ”recogerlos para Martina”.  Así lo hizo ese día. De vuelta al rancho, cortó los más dulces y sabrosos, los depositó en un canastillo, que él mismo fabricaba, y feliz y contento, corrió con el fin de entregárselos a su querida hermana. Mientras corría, pensaba:
            "¡Qué contenta se pondrá Martina! Ella habrá preparado la comida para mi almuerzo, pero yo, en cambio, le regalaré estas hermosas moras y estas sabrosas frambuesas. ¡Mi hermana es tan golosa! ¡Si su corazón fuera más dulce conmigo! Porque con los demás es muy buena... y es cariñosa... Sólo conmigo es brusca y es mala."
  Se detuvo un momento, para comprobar que las frutas no sufrían con la carrera, y continuó sus reflexiones:
            "¿Por qué Martina se mostrará tan dura conmigo? Pero... ¡no importa! Yo conseguiré que me quiera. Con mi cariño lograré el de ella."
  Ilusionado llegó a la choza. Al lado de ésta había un telar rústico, con una manta de vivos colores. Ello le demostró que Martina había estado trabajando. Una canción muy suave le llegó desde el interior del rancho. Era su hermana que cantaba.
  Filomeno la llamó con voz dulce:
  -¡Martina!... ¡Martina!... ¡Martina!...
  Una linda joven de piel cobriza apareció en la puerta de la choza. La canción se había apagado en sus labios, y una mirada cargada de rencor, acompañó a sus palabras. Dirigiéndose a su hermano, le respondió en el más brusco de los tonos:
  -¿Qué quieres?
  Filomeno sufrió un desencanto. Le pareció que su corazón se volvía cada vez más pequeño y le dolía al sentir el desprecio de su querida hermana. Sin embargo resistió el dolor y no dijo nada. Él se había prometido conquistar el afecto de su hermana y no abandonaría con el primer contratiempo.
  Con suave voz y tierna expresión, le dijo:
  -Mira, golosa, mira lo que he traído para ti.
  Al mismo tiempo abrió la cesta cargada de apetitosos frutos, y al verlos, la mala hermana sólo exclamó:
  -¡Moras y frambuesas! ¡Cómo me gustan!
  Sin una frase de agradecimiento al pobre muchacho, le arrebató la canastilla y entró en el rancho.
  El hermano la siguió. No agregó una sola palabra y se sentó dispuesto a almorzar:
  Tomó un cuenco, y ya iba a llenarlo con el sabroso alimento, cuando su hermana lo detuvo dándole un manotazo, al tiempo que le gritaba:
  -¡Deja eso! ¿O crees que yo cocino para ti? ¡Pasar la mañana fuera y volver cuando ya está todo hecho! ¡Cuando no hay más que estirar la mano para servirse!
  Y agregó:
  -¡Retírate!
  Pero... Martina... Yo también he trabajado. He estado recogiendo miel y labrando la tierra para sembrar... Y ¿quién si no yo cuida nuestra rebaño de cabras?
  Con el tono más humilde continuó:
  -Anda, sé razonable... Sírveme un poco...
  -¡Ya he dicho que no! Si quieres comer, tú te lo preparar. ¡Esto es mío!
  -Dame entonces unas moras de las que traje... -dijo el niño.
  -Ni una. Me dijiste que eran para mí y yo las comeré -terminó inflexible Martina.
  Triste la miró Filomeno. Sus ojos brillaron colmados de lágrimas; pero nada respondió.
  Cabizbajo salió del rancho.
Filomeno se preguntaba porque su hermana le trabaja así siempre. Sus esperanzas de dulcificar el corazón de su perversa hermana iban perdiendo fuerza. Se sentía incapaz de continuar. Sin embargo, haría una última tentativa.
  Ese día lo pasó vagando por el bosque y alimentándose con frutas silvestres.
  Entrada la noche, volvió al rancho y se acostó. Una idea fija le impedía conciliar el sueño: cómo lograr el afecto de su hermana.
  Por fin, el cansancio lo venció y se quedó dormido.
  A la mañana siguiente, muy temprano, volvió a salir de la choza.
  Llevaba la intención de conseguir, para su hermana, algo extraordinario, algo que le agradara mucho.
  Filomeno pensaba:
  "Tal vez así, con una dedicación y un deseo de complacerla cada vez mayores, llegará un día en que Martina corresponderá a este hondo cariño que por ella siento. ¡Qué felices seremos entonces!"
  Levantó sus ojos al cielo y, como si hablara con alguien, continuó:
  "Viviremos unidos por un afecto profundo y nuestros padres nos bendecirán desde la estrella donde están ahora..."
  A su paso, un ave asustada levantó el vuelo. Tan preocupado iba, que apenas prestó atención a este hecho. Tampoco oía el coro de los pájaros que a esa hora era una gloria.
  Persistía en su mente la misma idea: merecer el cariño de su hermana.
  De pronto, un fruto hermoso llamó su atención. Su color, su brillo y su tamaño lo hacían resaltar entre todos los otros.
  ¡Ése sería el regalo para su hermana!
  Pero, ¡qué alto estaba! Le costaría alcanzarlo... Más, ¿qué importaban las dificultades cuando el premio iba a ser tan maravilloso?
  Y ya no pensó más. Aunque los riesgos eran muchos, lo alcanzaría.
  Con la agilidad de un muchacho acostumbrado a trepar árboles y a escalar montañas, Filomeno apoyó en una rama baja sus pies y ayudándose con manos, brazos y piernas fue subiendo y subiendo.
  Las espinas y las ramas secas arañaban su piel y desgarraban sus ropas. Pero nada importaba. Lo esencial era llegar hasta el hermoso fruto que se ofrecía allí a lo alto.
  Continuaba entusiasmado la ascensión, cuando lanzó un grito. Una enorme espina se había clavado en su carne. El dolor que le producía era tan intenso que no le permitía sostenerse con la mano herida.
  Trato de arrancarse la espina, pero fue en vano. La mano comenzó a hincharse y a tomar un feo color morado.
  Debía darse por vencido y abandonar. Resuelto ya, comenzó a descender.
  Una vez en tierra, observó la herida con detención. En un último esfuerzo, arrancó la espina, y la sangre brotó de la herida. Se sintió desfallecer. Su cabeza le ardía y tenía la garganta seca.
  Con las fuerzas y la desesperación que le prestaba su estado, corrió a la casa. Su hermana sabía preparar un bálsamo con hojas y flores. Ella lo curaría y le daría de beber.
  Ya le faltaba poco. Un último esfuerzo y llegaría a su rancho.
  De lejos vio a Martina trabajando en el telar. Cuando estuvo delante, le suplicó:
  -¡Martina, por favor! Quise traerte un fruto hermoso que vi en el bosque, y cuando ya creía alcanzarlo, una espina que se clavó en mi mano me impidió lograr mi deseo. Hermanita, ¡Me duele mucho y tengo sed! ¡Tráeme un poco de agua!
  La hermana se levantó de inmediato. Lo tomó de un brazo y lo ayudó a sentarse.
  -¡Oh! ¡Cómo tienes la mano! Yo te la curaré y traeré agua y miel para apagar tu sed.
  Así diciendo, corrió al interior del rancho, y llevando en sus manos un cántaro de barro, fue a una vertiente cercana para llenarlo con agua fresca.
  Filomeno creía estar soñar. Le parecía mentira la dedicación de su hermana. Llegó a bendecir a la espina que, al herirlo, le había permitido gozar del cariño y de los cuidados de su querida hermana.
  Corriendo volvió la joven. Con la carrera el agua que llenaba el cántaro saltaba y caía al suelo salpicando sus piernas desnudas.
  Entró al rancho para buscar un cuenco con miel. Con ambas manos ocupadas se presentó ante Filomeno.
  La ansiedad y el reconocimiento se pintaron en el rostro del hermano. Un dulce bienestar lo invadió al oír que Martina le decía con dulzura:
  -¡Pobre! Hermanito..., ¿sufres? ¿Tienes sed? Aquí hay agua y miel en abundancia, ¿las ves?
  Hizo una pausa, y cambiando de expresión y con la voz ruda de otras veces, agregó:
  -¡Pero no son para ti! ¡Prefiero dárselos a la tierra!
  Y al tiempo que, ante los ojos del niño, volcaba el contenido de las dos vasijas, lanzando una carcajada burlona, continuó:
  -¡Anda tú!... ¡Anda a la vertiente, que allí el agua sobra!... ¡Allí podrás tomar toda la que quieras!
  Esto bastó para que el cariño que sentía el niño se troncara en un odio intenso contra su hermana.
  Un sentimiento de venganza nació en él, tan profundo y persistente, que ya no lo abandonó.
  Arrastrándose casi, llegó a la vertiente. Se echó en el suelo y con avidez bebió el líquido fresco.
  Sumergió en el agua la mano herida y se sintió mejor. Un suave bienestar lo invadió y a la sombra de un árbol corpulento se quedó dormido.
  Cuando despertó, el sol se escondía tras los cerros vecinos. Se levantó y caminó unos pasos. El dolor de la herida continuaba.
  Decidió ver a la curandera para pedirle algo que aliviara su mal. Y echó a andar en su búsqueda.
  Sólo en el alma del pobre niño rugía, como una tormenta, la venganza.
  Con conocimientos de hierbas y emplastos, el muchacho se curó. A los pocos días estuvo completamente bien.
  ¡Cómo había cambiado Filomeno! La mirada, antes tierna, era ahora feroz y dura. Su voz había perdido la dulzura de otros días.
  Callado continuaba preparando sus planes.
  Un día, de vuelta del valle, a donde llevara el rebaño de cabras, se dirigió muy resuelto al rancho. Iba a poner en práctica su idea de venganza.
  Fingiendo sentimientos que ya no sentía, y con la misma voz de pasados días, llamó a su hermana:
  -¡Martina!... ¡Hermanita! He encontrado para ti algo que te va a dar un gran placer, golosa.
  -¿Qué es, Filomeno?
  -Una colmena. Si te animas y me acompañas, toda la miel será para ti. La recogeremos y en varias vasijas la traeremos a casa. ¿Me acompañas?
  -¡Sí! ¡Sí! En seguida. Ya lo creo que te acompañaré a buscar miel. ¡Si se me hace agua la boca!
  -No olvides de llevar un poncho para envolverte la cabeza. Ya sabes que las abejas no abandonan de buen grado la colmena y te picarían sin piedad.
  Muy preparados se fueron los dos hermanos. Caminaron entre plantas hermosas de grandes hojas y perfumadas flores. La exuberante vegetación de la selva era allí un maravilloso espectáculo.
  Al llegar a un claro del bosque, el hermano se detuvo.
  -Aquí es -le dijo-. Envuélvete la cabeza con el poncho, defendiendo tu cara de las picaduras de las abejas. ¿Ves ese árbol tan alto? En la cima está la colmena. ¿Te animas a subir?
  -Ya lo creo. Tú me guiarás, ¿no? pues yo no veré muy bien con los ojos cubiertos con el poncho.
  -Claro. Yo te conduciré -la alivió su hermano.
  Con mucho trabajo fueron subiendo al árbol que era el de mayor tamaño del lugar.
  Una vez que hubo instalado a la hermana, sentada en una rama, en lo más alto de la copa, Filomeno, fingiendo acercarse a la colmena, sacó de su cintura un hacha y comenzó a descender cortando las ramas que abandonaba.
  Así dejó el tronco liso y sin puntos de apoyo para que no pudiera bajar la infeliz de su hermana Martina.
  Ella, confiada y ajena a lo que sucedía, esperaba que su hermano le indicara la tarea a cumplir.
  Cuando Filomeno llegó a tierra, se alejó del lugar dejando abandonada y sin defensa a la ingrata hermana.
  Pasados algunos instantes, y en vista de que no oía nada, Martina empezó a temer.
  Apartó el poncho de su cabeza, y lo que vio le hizo temer algo desagradable. Anochecía y su hermano había desaparecido. Lo llamó, primero tranquila, pero al no obtener respuesta, el miedo la dominó.
  Con tono quejumbroso y desesperado, que era un lamento, gritó:
  -¡Filomenoo! ¡Fii!
  Pero el hermano no apareció. Con gran sorpresa de su parte, sintió que sus miembros se endurecían, que toda ella cambiaba de forma y su cuerpo se cubría de plumas. En pocos instantes quedó convertida en un ave cuyo grito lastimero se oía en la quietud de la hora.
  -¡Fiiii! ¡Fiiil!
  Y como recordando la orden que le daba de continuo, repetía:
  -¡Fiil! ¡Fiiii!

  Desde entonces, este llamado, que es un doloroso recuerdo, un verdadero lamento, y que tal vez sea un grito de arrepentimiento, se oye al anochecer, en el bosque de aquella frondosa selva, donde aun así sigue llamando a su hermano para pedirle perdón.
Por miedo a que a alguien le pase lo que a ella, cuando alguien se acerca a aquel bosque lo echa con sus lastimeros gritos. Todas las personas que lo escuchan saben que no deben adentrarse allí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

¿Salir del armario?...


Desde un principio la escuela ha evolucionado de diferentes maneras, intentando que resultase más atractiva a los niños. Pero desde el comienzo ha sido un armario donde los encerraban, un sitio oscuro y aterrador  donde eran introducidos para enseñarles  cosas que a ellos no les parecían interesantes. Estos mostraban su desinterés bostezando.

Tras los resultados iniciales, poco a poco los métodos fueron modificados, tratando así de evitar estos bostezos.  
 
El armario fue cambiando, ya no era un lugar tan oscuro ni tan sumamente cerrado, se podría decir que abrieron el armario y dieron paso a otro mundo mucho más libre y con nuevas expectativas. Añadieron actividades divertidas en el ambiente de clase, pero éstas al final siempre les terminaban cansando y el bostezo volvía a surgir. El aburrimiento se adueñaba de nuevo de las aulas.


Pero para poder ayudar y conseguir que los niños se centrasen y que la escuela no fuera algo aburrido y obligatorio, tendrían que haberse organizado de tal manera que estudiar y aprender no les resultase tan pesado a los niños. Abriendo ese otro armario que daba paso a la imaginación y creatividad. Habría que enseñarles las cosas en forma de juego, con ilustraciones, metáforas, actividades educativas, etc.


Lo que sucede es que la educación en el aula nunca le va a resultar divertido a un niño, por el simple hecho de estar en ella, ya que para el significa estar encerrado por obligación, haciendo cosas que no le gustan y que para su parecer no le servirán de nada, por ello para él es mucho más eficaz el aprender fuera del ambiente educativo. Por ejemplo en el recreo, en actividades extraescolares, excursiones, etc.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

UN HADA DEL MUNDO DE YUPI INVADE NUESTRA MENTE

Irune, es una persona abierta, tolerante, que le gusta vivir la vida a su manera. Aprovecha cada momento, sin que nadie le diga lo que tiene que hacer. Ella prefiere ir marcando sus propios pasos. Actúa fiel a sus ideas pero respetando las de los demás.

Su desparpajo, a pesar de definirse como una persona tímida, hacen que su entorno sea alegre y divertido y, bastante entretenido.

A pesar de todas las adversidades que le han ido surgiendo a lo largo de su vida, el amor y su fuerza de voluntad son unas de las tantas razones por las que sigue adelante.

¿Qué se podría decir de ella? Ella es una persona positiva e inteligente que utiliza sus vivencias cada día como forma de vivir el presente para superarse en un futuro.

En definitiva, es una persona muy especial que no podemos resumir ni sintetizar en tan poco tiempo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Pomplamoose



Bueno chicos, aquí os dejo un enlace con un grupo de franceses que dedica a hacer las covers de muchos grupos y hasta ellos mismo hacen todos los instrumentos. Os recomiendo que lo veáis, no tiene desperdicio.

La canción que os dejo aquí es la de La Vie en Rose.










http://www.youtube.com/watch?v=vsMIuuV05uc&feature=related

martes, 21 de septiembre de 2010